sábado, agosto 02, 2008

Táctica y estrategia


El mismo día del acto central de la exposición rural, el gobierno responde con la primera conferencia de prensa de la era kirchnerista. Es decir, sacando a relucir algo de la inveterada picardía peronista, las portadas de los diarios de mañana dedicarán apenas un lugar marginal a las palabras de los dirigentes rurales. Sin dudas, una victoria táctica.

Pero además de táctica, tal como reza el poema de Mario Benedetti, se necesita estrategia. Pero, entonces, la pregunta cae por su propio peso: ¿cuál es la estrategia del gobierno? Si alguien sabe, me lo deja en los comments.

Más allá de la espuma generada por la conferencia de prensa (en curso cuando se escriben estas líneas) y de la que aún ha de generar, el saldo de la semana es que, más allá de lo dicho en algunas columnas, el gobierno parece encarar una nueva etapa de giro (tibio, lleno de dudas, a regañadientes) hacia cierta ortodoxia fiscal, marcado por un aumento de tarifas eléctricas que será seguido por otros similares en otros servicios públicos. Este escenario es una consecuencia lógica de la imposibilidad de aumentar los ingresos públicos y la necesidad de sostener las cuentas fiscales en una coyuntura donde no existe posibilidad de financiamiento externo.

Aún en esta circunstancias, el gobierno tiene quizás la última oportunidad de dejar un legado redistributivo y transferir los costos del (ineludible) sinceramiento de precios de servicios públicos a los sectores de mayor poder adquisitivo. Detrás del aumento de las tarifas eléctricas se esconde esta intención, lo cual viene a corregir (muy tarde, a nuestro juicio) la gigantesca transferencia de recursos que el gobierno destina en subsidios a los sectores medios y altos (muy en especial porteños), que son precisamente sus más encarnizados opositores. Lógica económica + lógica electoral.

Sin dudas, esto será muy difícil o virtualmente imposible en servicios como transporte urbano (subsidiar a AA es bastante menos justificable), pero es sustantivamente más viable en servicios cuyos destinatarios son territorialmente identificables: ¿puede costar igual la luz en Villa Adelina que en Barrio Parque? Es muy difícil entender esta situación en un marco mínimo de justicia distributiva.

Triste dilema deben vivir muchos al ver cómo el diabólico macrismo aplica un muy progresivo aumento del ABL, mientras el gobierno nacional busca por dónde anda el agujero del mate...

2 comentarios:

Julián dijo...

Con el tema de los subsidios a los trenes se puede hacer algo sin sacarlos ni reducirlos. Control estatal y condiciones a cambio de la guita. Soy un frecuente viajero en el San Martín, en el Ruquiza y en el Mitre y le puedo asegurar que salvo la LSM, los otros dos reciben muchísima guita que la camuflan como gasto corriente y no la utilizan para sostener inversiones más fuertes que un vidrio roto.De más está decir que compartimos o podemos compartir (en mi caso preferiría una línea estatal o mixta de trenes, tanto de cargas como de pasajeros) la idea de subsidiar para mantener
la tarifa ya que se trata de un transporte público utilizado por la mayoría del pueblo. El problema radica aquí en la deficitaria regulación que el Estado hace de estos servicios y en la ausencia de exigencias que mejoren la calidad de los mismos.

¿Habrá estrategia?¿Algo de eso vemos detrás de que los fideicomisos garpen ganacias?

Aureliano Buendía dijo...

No sé cuál es la solución; pero como preferencias políticas estoy de acuerdo en transferir recursos públicos vía subsidios a los "sectores populares" (aka pobres), pero eso debe hacerse con alguna eficiencia. El uso de subsidios al transporte hasta ahora sólo puede parecerle eficiente a Jaime.

Pero en cualquier caso, los montos son muy pequeños en comparación con la masa de subsidios en materia energética, que se acumulan por la decisión de "patear para adelante" el ajuste de tarifas durante años y no pueden explicarse en términos redistributivos.

Igual lo de la falta de estrategia era más amplio, no sólo sobre el tema subsidios. Mi punto es que o el gobierno encuentra una posición third-way-style a fin de rearticular coaliciones políticas, económicas y sociales o está frito.